El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Ya hemos dicho que en todas partes, en todos ejercicios y destinos se ven hombres buenos y malos, y asà no se hará novedad de que en un truco y en clase de coime, fuera éste de quien hablo un hombre de bien y sensible. Asà lo experimenté, pues me dijo:
-Guarde usted su real, amigo, y quédese norabuena. ¿Ya cenó?
-SÃ, señor -le respondÃ.
-Pues yo también. Vámonos a acostar.
Sacó un sarape, me lo prestó, y mientras nos desnudamos quiso informarse de quién era yo y del motivo de haber ido allà tan derrotado. Yo le conté mil lástimas con tres mil mentiras en un instante, de modo que se compadeció de mÃ, y me prometió que hablarÃa a un amigo boticario que no tenÃa mozo, a ver si me acomodaba en su casa. Yo acepté el favor, le di las gracias por él y nos dormimos.
A la siguiente mañana, a pesar de mi flojera, me levanté primero que el coime, barrÃ, sacudà e hice cuanto pude por granjearlo. Él se pagó de esto, y me dijo:
-Voy a ver al boticario; pero ¿qué haremos de sombrero? Pues en esas trazas que usted tiene está muy sospechoso.