El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Yo leí Oleum vitellorum ovorum, y dije:
-Aceite de yema de huevo.
-Así es -dijo don Nicolás.
Y poniéndome botes, frascos, redomas y cajones, me siguió preguntando:
-¿Y aquí qué dice?
Yo, según él me preguntaba, respondía:
-Oleum scorpionum. Aceite de alacranes... Aqua menthae, Agua de hierbabuena... Aqua petrocelini... Agua de perejil... Sirupus pomorum... Jarabe de manzanas... Unguentum cucurbitae... Ungüento de calabaza... Elixir...
-Basta -dijo el amo.
Y volviéndose al oficial le decía:
-Qué dice usted, don José, ¿no es lástima que este pobre muchacho esté de mozo pudiendo estar de aprendiz con tanto como tiene adelantado?
-Sí, señor -respondió el oficial.
Y continuó el amo hablando conmigo.
-Pues bien, hijo, ya desde hoy eres aprendiz; aquí te estarás con don José y entrarás con él al laboratorio para que aprendas a trabajar, aunque ya algo sabes por lo que has visto. Aquí está la Farmacopea de Palacios, la de Fuller y la Matritense; está también el curso de botánica de Linneo y ese otro de química. Estudia todo esto y aplícate, que en tu salud lo hallarás.