El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Yo, aunque muchos terminotes no entendí, conocí que me quería para criado entre de escalera abajo y de arriba; advertí que mi trabajo no era demasiado; que la conveniencia no podía ser mejor, y que yo estaba en el caso de admitir cosa menos; pero no podía comprender a cuánto llegaba mi salario, por lo que le pregunté, que por fin cuánto ganaba cada mes. A lo que el doctorete, como enfadándose, me respondió:
-¿Ya no te dije claris verbis (con claridad) que disfrutarías quinientos cuarenta y cuatro maravedís?
-Pero, señor -insté yo-, ¿cuánto montan en dinero efectivo quinientos cuarenta y cuatro maravedís? Porque a mí me parece que no merece mi trabajo tanto dinero.
-Sí merece, stultisime famule (mozo atontadísimo), pues no importan esos centenares más que dos pesos.
-Pues, bien, señor doctor -le dije-, no es menester incomodarse: ya sé que tengo dos pesos de salario, y me doy por muy contento sólo por estar en compañía de un caballero tan sapiente como usted, de quien sacaré más provecho con sus lecciones que con los polvos y mantecas de don Nicolás.