El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Yo no estaba acostumbrado a caminar, con esto me cansé pronto, y no quise pasar de Cuautitlán, por más que los mozos me porfiaban que fuéramos a dormir a Tula.
Al segundo día llegamos al dicho pueblo, y yo posé o me hospedé en casa de uno de los arrieros, que era un pobre viejo, sencillote y hombre de bien, a quien llamaban tío Bernabé, con el que me convine en pagar mi plato, el de Andrés y el de la mula, sirviéndole, por vía de gratificación, de médico de cámara para toda su familia, que eran dos viejas, una su mujer y otra su hermana; dos hijos grandes, y una hija pequeña como de doce años.
El pobre admitió muy contento, y cátenme ustedes ya radicado en Tula y teniendo que mantener al maestro barbero, que así llamaremos a Andrés, a mí y a mi macha; que aunque no era mía, yo la nombraba por tal; bien que siempre que la miraba me parecía ver delante de mí al doctor Purgante con su gran bata y birrete parado, que lanzando fuego por los ojos me decía:
-Pícaro, vuélveme mi mula, mi gualdrapa, mi golilla, mi peluca, mis libros, mi capa y mi dinero, que nada es tuyo.