El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Bajó Andrés como un rayo y subió luego luego con los mozos, con quienes quedé en que me habían de dar mula para mi avío y una bestia de silla para Andrés, todo lo que me ofrecieron, como también que habían de madrugar antes del alba, y se fueron a recoger.
A seguida mandé a mi criado que fuera a comprarme una botella de aguardiente, queso, bizcochos y chorizones para otro día; y mientras que él volvía, hice subir la cena.
No me cansaba yo de complacerme en mi determinación de hacerme médico, viendo cuán bien se facilitaban todas las cosas, y al mismo tiempo daba gracias a Dios que me había proporcionado un criado tan fiel, vivo y servicial como Andresillo, quien en medio de estas contemplaciones fue entrando cargado con el repuesto.
Cenamos los dos amigablemente, echamos un buen trago y nos fuimos a acostar temprano, para madrugar despertando a buena hora.
A las cuatro de la mañana ya estaban los mozos tocándonos la puerta. Nos levantamos y desayunamos mientras que los arrieros cargaban.
Luego que se concluyó esta diligencia, pagué el gasto que habíamos hecho ya y mi mula, y nos pusimos en camino.