El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “Acá hay disciplinas, y de alambre, que arrancan los pedazos: hay palmetas, orejas de burro, cormas, grillos y mil cosas feas; pero no las verás muy fácilmente, porque están encerradas en una covacha. Esos instrumentos horrorosos que anuncian el dolor y la infamia no se hicieron para ti ni esos niños que has visto, pues estáis criados en cunas no ordinarias, tenéis buenos padres, que os han dado muy bella educación y os han inspirado los mejores sentimientos de virtud, honor y vergüenza, y no creo ni espero que jamás me pongáis en el duro caso de usar de tan repugnantes castigos.
“El azote, hijo mÃo, se inventó para castigar afrentando al racional, y para avivar la pereza del bruto que carece de razón; pero no para el niño decente y de vergüenza que sabe lo que le importa hacer y lo que nunca debe ejecutar, no amedrentado por el rigor del castigo, sino obligado por la persuasión de la doctrina y el convencimiento de su propia interés.
“Aun los irracionales se docilitan y aprenden con sólo la continuación de la enseñanza, sin necesidad de castigo. ¡Cuántos azotes te parece que les habré dado a estos inocentes pajaritos para hacerlos trinar como los oyes? Ya supondrás que ni uno; porque ni soy capaz de usar tal tiranÃa, ni los animalitos son bastantes a resistirla. Mi empeño en enseñarlos y su aplicación en aprender los han acostumbrado a gorjear en el orden que los oyes.