El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “Conque si unas avecitas no necesitan azote para aprender, un niño como tú, ¿cómo lo habrá menester...? ¡Jesús...!, ni pensarlo. ¿Qué dices? ¿Me engaño? ¿Me amarás? ¿Harás lo que te mande?”
-Sí, señor -le dije todo enternecido y le besé a mano, enamorado de su dulce genio. El entonces me abrazó, me llevó a su recámara, me dio unos bizcochitos, me sentó en su cama y me dijo que me estuviera allí.
Es increíble lo que domina el corazón humano un carácter dulce y afable, y más en un superior. El de mi maestro me docilitó tanto con su primera lección, que siempre lo quise y veneré entrañablemente, y por lo mismo le obedecía con gusto.