El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Dieron las doce, me llamó mi maestro a la escuela para que las rezara con los niños; acabamos, y luego nos permitió estar saltando y enredando todos en buena compañía, pero a su vista, con cuyo respeto eran nuestros juegos inocentes. Entre tanto fueron llegando los criados y criadas por sus respectivos niños, hasta que llegó la de mi casa y me llevó; pero advertí que mi maestro le volvió el libro que yo tenía para leer, y le dio una esquelita para mi padre, la que se reducía a decirle que llevara yo primeramente los compendios de Fleuri o Pintón, y cuando ya estuviera bien instruido en aquellos principios, sería útil ponerme en las manos El hombre feliz, Los niños célebres, Las recreaciones del hombre sensible, u otras obritas semejantes; pero que nunca convenía que yo leyera Soledades de la vida, las novelas de Zayas, Guerras civiles de Granada, La historia de Carlo Magno y doce pares, ni otras boberas de éstas, que, lejos de formar, cooperan a corromper el espíritu de los niños, o disponiendo su corazón a la lubricidad, o llenando su cabeza de fábulas, valentías y patrañas ridículas.
Mi padre lo hizo según quería mi maestro, y con tanto más gusto cuanto que conocía que no era nada vulgar.