El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I No lo hacía yo así con los ricos y sujetos distinguidos, pues hasta se enfadaban con mis dilaciones y con las monerías que usaba, por afectar que me interesaba demasiado en su salud; pero, ¿qué otra cosa había de hacer cuando no había aprendido más de mi famoso maestro el doctor Purgante?
Sin embargo de mi ignorancia, algunos enfermos sanaban por accidente, aunque eran más sin comparación los que morían por mis mortales remedios. Con todo esto, no se minoraba mi crédito por tres razones: la primera, porque los más que morían eran pobres, y en éstos no es notable ni la vida ni la muerte. La segunda, porque ya había yo criado fama, y así me echaba a dormir sin cuidado, aunque matara más tultecas que sarracenos el Cid; y la tercera, y que más favorece a los médicos, era porque los que sanaban ponderaban mi habilidad, y los que morían no podían quejarse de mi ignorancia, con lo que yo lograba que mis aciertos fueran públicos y mis erradas las cubriera la tierra; bien que si me sucede lo que a Andrés, seguramente se acaba mi bonanza antes de tiempo.