El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Motivo fue éste para que el otro pobre gotoso o reumático no quisiera que usted acabara de matarlo. Con tanto saber, amigo, usted me va despoblando la feligresía sin sentir, pues desde que está aquí he advertido que las cuentas de mi parroquia han subido un cincuenta por ciento; y aunque otro cura más interesable que yo daría a usted las gracias por la multitud de muertos que despacha, yo no, amigo, porque amo mucho a mis feligreses, y conozco que a dura tiempo, usted me quita de cura, pues acabada que sea la gente del pueblo y sus visitas, yo seré cura de casas vacías y campos incultos. Conque vea usted cuánto sabe, pues aun resultándome interés me pesa de su saber.
Riéronse todos a carcajadas con la ironía del cura, y yo incómodo de esto, le dije ardiéndome las orejas:
-Señor cura, para hablar es menester pensar y tener instrucción en lo que se habla. Los casos que usted me ha recordado por burla son comunes; a cada paso acaece que el más ruin enfermo se le muere al mejor médico. ¿Pues qué, piensa usted que los médicos son dioses que han de llevar la vida a los enfermos? Ovidio, en el libro primero del Ponto, dice: que no siempre está en las manos del médico que el enfermo sane, y que muchas veces el mal vence a la medicina:
Non est in medico semper relevetur ut aeger,
Interdum docta plus valet arte malum.