El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Acabé de desesperarme con este desengaño, y concibiendo que no había otro medio para lograrla que casarme con ella, le traté del asunto en aquel mismo instante, y en un abrir y cerrar de ojos quedaron celebrados entre los dos los esponsales de futuro.
Mi expresada novia, que se llamaba Mariana, dio parte a su madre de nuestro convenio, y ésta quiso con tres más. Yo avisé política y secretamente lo mismo a un religioso grave y virtuoso que protegía a Mariana por ser su tío, y no me costó trabajo lograr su beneplácito para nuestro enlace; pero para que se verificara, faltaría que vencer una pequeña dificultad, que consistía en ver cómo me desprendía de Luisa, a quien temía yo, conociendo su resolución y lo poco que tenía que perder.
Mientras que adivinaba de qué medios me valdría para el efecto, no me descuidaba en practicar todas las precisas diligencias para el casamiento. Fue necesario ocurrir a mis parientes para que me franquearan mis informaciones. Luego que éstos supieron de mí con tal ocasión y se certificaron de que no estaba pobre, ocurrieron a mi casa como moscas a la miel. Todos me reconocieron por pariente, y hasta el pícaro de mi tío el abogado fue el primero que me visitó y llenó varias veces el estómago a mi costa.