El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Mi desgraciada esposa sufría, en medio del odio con que me veía, sus desnudeces y trabajos, sin atreverse a vivir con su madre, que era la única que la visitaba, consolaba y socorría (al fin madre), porque las dos me temían mucho, y yo había amenazado a mi mujer de muerte siempre que desamparara la casa. Ni aun el religioso, su tío, quería mezclarse en nuestras cosas.
He dicho que entre mis malas cualidades tenía la buena de poseer un corazón sensible, y creo que si mi esposa, en vez de irritarme desde el principio con su orgullo, y de haberme persuadido de que me era infiel, me hubiera sobrellevado con cariño y prudencia, yo no hubiera sido tan cruel con ella; pero hay mujeres que tienen la gracia para echar a perder a los mejores hombres.
Las enfermedades y la mala vida cada día ponían a mi mujer en peor estado. A eso se agregaba su preñez, con lo que se puso no sólo flaca, descolorida y pecosa, sino molesta, iracunda e insufrible.