El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Más la aborrecía yo en este estado y menos asistía en la casa. Una noche que por accidente estaba en ella, comenzó a quejarse de fuertes dolores y a rogarme que por Dios fuera a llamar a su madre, porque se sentía muy mala. Este lenguaje sumiso poco acostumbrado en ella, junto con sus dolorosos ayes, hicieron una nueva impresión en mi corazón, y mirándola con lástima desde aquel punto, sin acordarme de su genio iracundo y poco amante, corrí a traer a su madre, quien luego que vino advirtió que aquellos conatos y dolores indicaban un mal parto, y que era indispensable una partera.
Luego que me impuse de la enfermedad y de la necesidad de la facultativa, rogué a una vecina fuera a buscarla mientras iba yo a solicitar dinero.
Ella fue corriendo; la halló y la llevó a casa, y yo empeñé mi capote, que era la mejor alhaja que me había quedado y no estaba de lo peor, sobre el que me prestaron cuatro pesos a volver cinco. ¡Gracias comunes de los usureros que tienen hecho el firme propósito de que se los lleve el diablo!