El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I La mendicidad habitual aleja la vergüenza y hace al hombre enemigo de la industria... El verdadero pobre es el imposibilitado de trabajar. Consentir que el hábil pida limosna, es quitar a aquél y al cuerpo nacional el producto de su aplicación. Si se dirige mal la limosna, a favor del mendigo voluntario, degenera la caridad, reina de las virtudes, en protectora de los vicios; hallar muchos en ella la comida segura, es uno de los mayores estorbos de la aplicación. La falta de ocupación en la gente causa vicios, estragos y ruinas contra la misma inclinación de los más que se corrompen (como me parece que ha sucedido a usted). Sin estudios o ejercicios, se entorpecen los hombres y los entendimientos. La potestad política más respetable en proporciones degradará su mérito al extremo de bárbara, no cultivando sus talentos.
“El señor don Melchor Rafael de Macanaz, en su representación hecha al rey don Felipe V, expresando los notorios males que causan la despoblación.... y otros daños sumamente atendibles y dignos de reparo, con las advertencias generales para su universal remedio, hablando de los mendigos, dice: No se permitan pordioseros, porque a veces los que de día parecen baldados, de noche están aptos para robar. Además que en ninguna corte culta se permiten. Poco antes, dice: Si les va bien pidiendo limosna, no trabajan, se entregan gustosos al abandono, y... se convierten en viciosos.[84]