El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “Mas estas advertencias, aunque sean muy juiciosas, no pueden serlo más que las que tenemos con mucha anticipación en las sagradas letras. Al primer hombre maldijo Dios diciéndole que comería con el sudor de su rostro. Después, dijo que el jornalero es digno de su jornal; y en otra parte, que el buey que arara (ésta es la ley que observan los israelitas), que al buey que arara o trillara no se le atara la boca; dándonos a entender que el que trabaja debe comer de su trabajo, así como el que sirve el altar, debe comer del altar.
“Por último, el apóstol San Pablo, siendo acreedor a los caritativos socorros de los fieles, no quiso molestarlos, sino que trabajaba con sus manos para ganar la vida[85] y así se los escribió a los Tesalonicenses en la Epístola 2, cap. 3. Bien sabéis -les dice- que nadie tuvo que mantenerme de limosna, y que por no seros gravoso, trabajaba de día y de noche... y así el que no quiera trabajar que no coma: quoniam si quis non vult operari nec manducet.
“En vista de esto, amigo, ¿cuál será la justa disculpa que tendrá ningún flojo ni floja para pretender mantenerse a costa de la piedad mal entendida de los fieles, defraudando de paso el socorro a los que legítimamente lo merecen?