El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Es verdad que ni mi padre ni mi madre eran de los hombres afeminados, ni de las mujeres altivas que he dicho. Mi padre algunas veces se sostenía, y mi madre jamás se alteraba ni se alzaba, como dicen, con el santo y la limosna; lo que sucedía era que cuando no le valían sus insinuaciones y sus ruegos para hacer desistir a mi padre de su intento, apelaba a las lágrimas, y entonces era como milagro que no se saliera con la suya, porque las lágrimas de una mujer hermosa y amada son armas eficacísimas para vencer al hombre más circunspecto.
Sin embargo algunas ocasiones se sostenía con el mayor vigor. Era bueno que siempre hubiera conservado igual carácter; mas los hombres no somos dueños de nuestro corazón a todas horas, aunque siempre debiéramos serlo.