El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Dios nos libre de un hombre que tiene miedo a su mujer, que es preciso que le tome su parecer para ir a hacer esto o aquello, que sabe que le ha de dar razón de adónde fue y de dónde viene, y que si su mujer grita y se altera, él no tiene más recurso que apelar a los mimos y caricias para contentarla. Estos hombres, indignos de nombre tan superior, están siempre dispuestos a ser unos descendientes del cabrío y unos padres de familia ineptísimos, porque ellos no dirigen a sus hijos, sino ellas. Los mismos muchachos advierten temprano la superioridad de las madres, y no tienen a sus padres el menor miramiento, y más cuando notan que si cometen alguna picardía por la que el padre los quiere castigar, con acogerse a la madre, ésta los defiende, y si se ofrece, arma una pendencia al padre, y se queda cometida la culpa y eludida la pena.
No sin razón dijo Terencio que las madres ayudan a sus hijos en las iniquidades y estorban el que sus padres los corrijan. Lo que os pondré en una estrofita para que la tengáis en la memoria:
Suelen ayudar las madres
a la maldad de sus hijos,
impidiendo que los padres
les den el justo castigo.