El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I ¿cómo había de dejar de hacer lo que todos hacían? ¿Qué hubieran dicho de mí si delante de ellos me hubiera yo abstenido de hacer o decir alguna picardía u obscenidad por observar los consejos de mi jefe? ¡Qué jácara no hubieran formado a mi cuenta si hubieran escuchado de mi boca los nombres de Dios, conciencia, muerte, eternidad, premios o castigos divinos! ¿Qué burla no me hubieran hecho si descuidándome hubiera intentado corregirlos con mi instrucción o con mi buen ejemplo, permitiendo que hubiera sido capaz de darlo? Mucha, sin duda; y así yo, por no malquistarme con tan buenos amigos, y porque no me llamaran el mocho, el beato o el hipócrita, concurría con ellos a todas sus maldades, y a pesar de que algunas me repugnaban, yo procuraba distinguirme por malo entre los malos, atropellando con todos los respetos divinos y humanos a trueque de granjearme su estimación y los dulces y honoríficos epítetos de veterano, buen pillo, corriente, marcial, y otros así con que me condecoraban mis amigos. Lo único que estudiaba era el modo de que mis diabluras no llegaran a la noticia de mi jefe, así por no sufrir el castigo condigno, como por no perder la conveniencia que sabía por experiencia que era inmejorable.