El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I -Según eso -le dije-, no deberemos ser amigos sino de aquellos que nos sirvan o nos den esperanzas de servirnos en algún tiempo.
-Cabalmente así debe ser -me contestó-, y aquí encaja bien el refrán que dice: que el amigo que no da, y el cuchillo que no corta, que se pierdan poco importa, y ya usted ve que los refranes son evangelios chiquitos.
-Yo entiendo -le dije- que no todos lo son; antes hay algunos falsos y disparatados de que no se debe hacer caudal, en cuyo número pongo el que usted acaba de citarme, pues habrá
muchos amigos cuya amistad será utilísima aunque no den nada más que su estimación, sus consejos o su enseñanza, y cierto que la pérdida de éstos será sensible a quien conozca lo que valen.
-Ésas son pataratas -me contestó-; consejos, estimación, enseñanza y todo lo que no es dinero o cosa que lo valga, son fantasmas agradables que sólo pueden divertir muchachos, pero que no traen gota de utilidad. Yo, por mí, detesto de semejantes amigos; no, no me empeñaré en buscarlos, y si tengo alguno sin esta diligencia, no se me dará nada de que se pierdan.
-¿Conque usted sólo será amigo del que le proporcione dinero?