El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I -No hay otros que merezcan mi amistad -me respondió-; y las desgracias de éstos las sentiré por lo que puedan tocarme, que por lo demás cada uno se rasque con sus uñas.
Escandalizado al escuchar tan inefables máximas, mudé de conversación y a poco rato me separé de su lado.
Al día siguiente, estando peinando al coronel, le conté mi anterior conversación, y él me dijo:
“No te espantes, Pedro, de haber hallado tal dureza en ese comerciante, ni te escandalice su avaricia e interés. Hay muchos en el mundo que piensan y obran lo mismo que él: ése es un gran egoísta, y como tal, es ambicioso, cruel, y adulador; vicios comunes a los que piensan que para ellos solos se hizo el mundo; pero este sujeto, a más de egoísta tiene la desgracia de ser un necio, pues se jacta de sus mismos vicios y los descubre sin disfraz, que es por lo que te has escandalizado; mas sábete que este vicio está tan extendido en el mundo, que de cada cien hombres dudo que haya uno que no sea egoísta.