El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I La mayor parte de los hombres o casi todos se aman demasiado, y así el bien que hacen como el mal que dejan de hacer no reconocen mejor principio que su particular interés, por más que lo palíen con nombrecitos brillantes que aparentan mucho, y nada se halla en ellos mas que follaje. Esta clase de egoístas algunas veces son perjudiciales a la sociedad por esta causa, y muchas inútiles; pero como no se dejan de considerar con relación a los demás hombres, están dispuestos a servirles alguna vez, aunque no sea más que por el vano interés de que los tengan por benéficos, y por esto digo que son egoístas tolerables.
“Los otros son aquellos que haciéndose cada uno el centro del universo, se aman con tal desorden, que a su interés posponen los respetos más sagrados. Para éstos nada valen los preceptos de la religión, ni los más estrechos vínculos de la sangre o de la sociedad; por todo pasan como por un puente seguro, y jamás les afectan las calamidades de los hombres.
Por esta depravada cualidad son soberbios, interesables, envidiosos y crueles, y por lo mismo son intolerables. De esta clase de egoístas es el comerciante cuya conversación te ha escandalizado justamente; mas por lo mismo que te repugna tal modo de pensar, has de procurar no contaminarte con él, advirtiendo que el amor propio es habilísimo para disminuir nuestros defectos a nuestros ojos y aun para hacérnoslos pasar por virtudes.