El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Todos aborrecen el egoísmo, y nadie cree que es egoísta, por más que esté tan extendido este vicio. La regla que te puede asegurar de que no lo eres, es que te sientas movido a ser benéfico a tus semejantes, y que de hecho pospongas tus particulares intereses a los de tus hermanos; y cuando te halles connaturalizado con esta máxima, podrás vivir satisfecho de que no eres egoísta.
“De semejante manera me instruía siempre mi buen mentor, y no perdía las ocasiones que se le presentaban oportunas para el efecto, pero por desgracia entonces sembraba en tierra dura; sin embargo, a la vuelta de mis extravíos, muy mucho me han servido sus saludables advertencias.
Ya navegaba yo contento pensando que todo el monte era orégano y todo mar pacífico, cuando me sacó de este confiado error uno de aquellos accidentes de mar que no se sujetan a la práctica de los mejores pilotos.
Una noche que estaba enfermo el primer piloto, dejó encargado el cuidado de la brújula a un segundo, que aunque diestro en el manejo del timón, era mortal, y acosado del sueño se durmió sobre el banco sin que ninguno lo advirtiera, y todos los pasajeros hicimos lo mismo con la seguridad del tiempo favorable que nos hacía.