El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I había manifestado escasa. Ni menos te recomendaré ensalzando sobre las nubes la pobreza, cuando yo, gracias a Dios, no la padezco. No soy un hipócrita; quédese para Séneca decir en el seno de la abundancia: que es pobre el que cree que lo es; que la Naturaleza se contenta con pan y agua, y para lograr esto nadie es pobre; que no es ningún mal sino para el que la rehúsa, y otras cosas a este modo que no le entraban, como dicen, de dientes adentro, pues en la realidad, al tiempo que escribía esto disfrutaba la gracia de Nerón, era querido de su mujer, poseía grandes rentas, habitaba en palacios magníficos y se recreaba en deliciosos jardines.
“¡Qué cosa tan dulce -dice un autor- es moralizar y predicar virtud en medio de estos encantos! Pretender que el hombre mortal, viador y rodeado de pasiones sea enteramente perfecto, es una quimera. La virtud es más fácil de ensalzarse que de practicarse, y los autores pintan al hombre, no como es, sino como debe ser; por eso tratamos en el mundo pocos originales cuyos retratos manejamos en los libros. El mismo Séneca, penetrado de esta verdad, llega a decir: que era imposible hallar entre los hombres una virtud tan cabal como la que él proponía, y que el mejor de los hombres era el que tenía menos defectos.