El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “Yo lo que te aconsejo es que no hagas consistir tu felicidad en las riquezas; que no las desees ni las solicites con ansia; y tenidas, que no las adores ni te hagas esclavo de ellas; pero también te aconsejo que trabajes para subsistir, y últimamente, que apetezcas y vivas contento con la medianía, que es el estado más oportuno para pasar la vida tranquilamente.
“Este consejo es sabio y dictado por el mismo Dios en el cap. XXX, v. 9, de los Proverbios, en boca de aquel prudente que decía: “Señor no me déis ni pobreza ni riquezas;
concededme solamente lo necesario para pasar la vida; no sea que en teniendo mucho me ensoberbezca y os abandone diciendo: ¿quién es el Señor?, o que viéndome afligido por la pobreza me desespere y hurte o vulnere el nombre de mi Dios perjurando…”
Aquí llegaba el coronel, cuando interrumpió su conversación el palmoteo y vocerío de los grumetes y gente de mar que gritaban alborozados sobre la cubierta:
-¡Tierra! ¡Tierra!
Al eco lisonjero de estas voces, todos abandonaron lo que hacían y subieron, unos con anteojos y otros sin ellos, para certificarse por su vista o por la ajena de si era realidad lo que habían anunciado los gritos de los muchachos.