Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda
Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda Entre los matadores que tuve fue sin duda el mayor el uso excesivo de licores. Yo tenía la precaución de no embriagarme de día para no perder el crédito entre mis piadosos favorecedores; pero de noche me ponía unas chispas inaguantables.
Este abuso no sólo perjudicó mi salud, sino que me exponía frecuentemente a mil burlas, desaires y pendencias. Yo conocía la causa de mi mal; pero no tenía la fortaleza necesaria para abandonarla.
Una noche (no estaba yo muy perdido) bebía con mis amigos nocturnos en una fonda y bebía más que todos. A uno de los concurrentes, no sé por qué razón le causé lástima, y con todo disimulo hizo que la conversación recayera sobre los perjuicios que causa el exceso de la bebida. ¡Oh y qué buen predicador nos encontramos! El decía:
—Señores, no hay remedio, Dios lo crió todo para el hombre, y no puede negarse que un buen trago de vino o de aguardiente reanima nuestras fuerzas, promueve la digestión, vivifica el espíritu, hace derramar la alegría en nuestra sangre y, distrayéndonos de los cuidados y pesares que nos rodean, nos concilia un sueño tranquilo y provechoso.
»A mí me agrada bastante un trago de vino, especialmente cuando estoy en sociedad con mis amigos. No soy para esto escrupuloso; me acuerdo que el mismo Dios por el Eclesiástico dice: