Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda
Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda —Salga de ahí el pícaro seductor; vaya, salga.
Yo no tenía ni tantitas ganas de salir; no sé dónde se me escondieron mis bríos. El diablo del viejo conoció mis pocas ganas de reñir y, aprovechándose de lo que le pareció temor, me afianzó del pañuelo, me dio dos o tres estrujones, me arrancó de la almohada y me hizo salir del coche a gatas y todo desaliñado.
Yo, al verme maltratar de un viejo como aquél, quise echar mano a mi espada; pero ¡qué fuerzas tenía el achicharronado señor! Apenas lo advirtió, cuando me dio tan soberbio tirón que me arrojó a sus pies contra mi voluntad. Entonces le dije:
—Advierta usted, amigo, que no me trate tan mal, porque yo soy un señor cadete que ya huelo a abanderado, y soy a más de esto, el caballero don Catrín, hombre noble y muy ilustre por todos mis cuatro lados; y si ahora respeto sus canas, mañana revolveré mis ejecutorias y mis árboles genealógicos, y verá usted quién soy, y que lo puedo perder con más facilidad que un albur a la puerta.
Algo se intimidó el perro viejo, si no es que me dejó porque se cansó de darme de patadas. Lo cierto es que me soltó diciéndome: