Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda
Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda —Váyase enhoramala el tuno, bribonazo, sinvergüenza: qué caballero ha de ser ni qué talega. Si fuera noble, no obrara con vileza; pero ya me dijo quién es; sí, don Catrín, ya, ya sé quiénes son los catrines. Márchese de aquí, quítese de mi vista antes que le exprima esta pistola.
Yo, por evitar cuestiones, me salí, y a mi compañero no le quise contar un lance tan vergonzoso, porque no había de creer que mi poco enojo había sido efecto de mi grande prudencia, sino de mi mucha cobardía, y era muy regular que se espantara al ver que quien no había temido a Tremendo con su espada, temiera a un viejo chocho despreciable.
Sin embargo de mi silencio, yo en mi interior juré vengarme de él y llevar, en caso necesario, una compañía de granaderos para el efecto.
Tales eran mis intenciones aún al día siguiente; pero como muchas se frustran, se frustraron las mías en un instante.
A las ocho de la mañana, hora en que aún no pensaba en levantarme de la cama, tocó la puerta un soldado ordenanza, le abrió mi compañero, entró y me dijo que el coronel me esperaba dentro de media hora.
Yo, creyendo que me quería hacer saber mi nuevo ascenso de alférez, me vestí muy contento y fui a verlo.
Me recibió con una cara de vinagre y me dijo: