Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda
Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda —Siempre insistes en tu fanatismo —me contestó—, Tontonote: ¿dónde has visto el infierno ni los diablos para que lo creas tan a puño cerrado? Cumple estos preceptos, sigue mis máximas y verás cómo varía tu suerte.
»Supón, sí, te doy de barato, que haya tal eternidad, tal infierno, ¿qué se puede perder con que al fin al fin te lleve el diablo? ¿Serás el primero que se condena? Pues en tal caso, ya que nos hemos de condenar, que sea a gusto; y si nos lleva el diablo, que sea, como dicen por ahí, en buen caballo, esto es, divirtiéndonos, holgándonos y pasándonos una videta alegre. ¿Habrá mayor satisfacción que entrar al infierno lucios, frescos, ricos, cantando, bailando y rodeados de diez o doce muchachas? Conque anda, Catrín, sigue mis consejos y ríete de todo como yo.
¿Quién no había de sucumbir a tan solidísimas razones? Desde luego le di muchas gracias a mi sabio amigo, y propuse conformarme con sus saludables consejos; y según mi propósito, desde aquel día comencé a observar exactamente el decálogo, especialmente el cuarto precepto, haciéndome al genio de todos cuantos podían serme útiles; de manera que dentro de pocos días era yo cristiano con los cristianos; calvinista, luterano, arriano, etcétera, con los de aquellas sectas; ladrón con el ladrón; ebrio con el borracho; impío con el inmoral, y mono con todos.