La comedia nueva
La comedia nueva DON ELEUTERIO.—(Hablando con PIPÍ hasta el fin de la escena). Yo no hago caso; pero me enfada que hablen así. Figúrate tú si la conclusión puede ser más natural ni más ingeniosa. El emperador está lleno de miedo por un papel que se ha encontrado en el suelo, sin firma ni sobrescrito, en que se trata de matarle. El visir está rabiando por gozar de la hermosura de Margarita, hija del conde de Strambangaum, que es el traidor…
PIPÍ.—¡Calle! ¡Hay traidor también! ¡Cómo me gustan a mí las comedias en que hay traidor!
DON ELEUTERIO.—Pues, como digo, el visir está loco de amores por ella; el senescal, que es hombre de bien si los hay, no las tiene todas consigo, porque sabe que el conde anda tras de quitarle el empleo y continuamente lleva chismes al emperador contra él; de modo que como cada uno de estos tres personajes está ocupado en un asunto, habla de ello y no hay cosa más natural. (Saca la comedia y lee).
Y en tanto que mis recelos…
Y mientras mis esperanzas…
Y hasta que mis…
¡Ah!, señor don Hermógenes. A qué buena ocasión llega usted. (Guarda la comedia, encaminándose a DON HERMÓGENES, que sale por la puerta del foro).
DON HERMÓGENES, DON ELEUTERIO, DON PEDRO, DON ANTONIO, PIPÍ.
