La comedia nueva
La comedia nueva DON HERMÓGENES.—Sí, aún hay un piquillo; cosa corta.
DON ELEUTERIO.—Pues bien; con la impresión lo menos ganaré cuatro mil reales.
DON HERMÓGENES.—Lo menos. Se vende toda seguramente. (Vase PIPÍ por la puerta del foro).
DON ELEUTERIO.—Pues con ese dinero saldremos de apuros; se adornará el cuarto nuevo: unas sillas, una cama y algún otro chisme. Se casa usted. Mariquita, como usted sabe, es aplicada, hacendosilla y muy mujer; ustedes estarán en mi casa continuamente. Yo iré dando las otras cuatro comedias que, pegando la de hoy, las recibirán los cómicos con palio. Pillo la moneda, las imprimo, se venden; entre tanto, ya tendré algunas hechas y otras en el telar. Vaya, no hay que temer. Y, sobre todo, usted saldrá colocado de hoy a mañana: una intendencia, una toga, una embajada, ¿qué sé yo? Ello es que el ministro le estima a usted, ¿no es verdad?
DON HERMÓGENES.—Tres visitas le hago cada día…
DON ELEUTERIO.—Sí, apretarle, apretarle. Subamos arriba, que las mujeres ya estarán…
DON HERMÓGENES.—Diecisiete memoriales le he entregado la semana última.
DON ELEUTERIO.—¿Y qué dice?