La comedia nueva
La comedia nueva DOÑA AGUSTINA, DOÑA MARIQUITA, DON SERAPIO, DON HERMÓGENES,DON ELEUTERIO.
(Salen por la puerta del foro).
DON SERAPIO.—El trueque de los puñales, créame usted, es de lo mejor que se ha visto.
DON ELEUTERIO.—¿Y el sueño del emperador?
DOÑA AGUSTINA.—¿Y la oración que hace el visir a sus ídolos?
DOÑA MARIQUITA.—Pero a mí me parece que no es regular que el emperador se durmiera precisamente en la ocasión más…
DON HERMÓGENES.—Señora, el sueño es natural en el hombre, y no hay dificultad en que un emperador se duerma, porque los vapores húmedos que suben al cerebro…
DOÑA AGUSTINA.—Pero ¿usted hace caso de ella? ¡Qué tontería! Si no sabe lo que se dice. Y a todo esto, ¿qué hora tenemos?
DON SERAPIO.—Serán… Deje usted… Podrán ser ahora…
DON HERMÓGENES.—Aquí está mi reloj, que es puntualísimo. Tres y media cabales.
DOÑA AGUSTINA.—¡Oh!, pues aún tenemos tiempo. Sentémonos, una vez que no hay gente. (Siéntanse todos menos DON ELEUTERIO).
