La comedia nueva
La comedia nueva DON SERAPIO.—Ya; pero voy al decir. ¡Unas ganas tengo de pillar al tal guarnicionero! No irá esta tarde al patio, que si fuera…, ¡eh!… Pero el otro dÃa qué cosas le dijimos allà en la plazuela de San Juan. Empeñado en que la otra compañÃa es la mejor, y que no hay quien la tosa. ¿Y saben ustedes (Vuelve a sentarse.) por qué es todo ello? Porque los domingos por la noche se van él y otros de su pelo a casa de la RamÃrez, y allà se están retozando en el recibimiento con la criada; después les saca un poco de queso, o unos pimientos en vinagre, o asÃ; y luego se van a palmotear como desesperados a las barandillas y al degolladero. Pero no hay remedio; ya estamos prevenidos los apasionados de acá; y a la primera comedia que echen en el otro corral, zas, sin remisión, a silbidos se ha de hundir la casa. A ver…
DOÑA MARIQUITA.—¿Y si ellos nos ganasen por la mano, y hacen con la de hoy otro tanto?