A este lado del paraiso
A este lado del paraiso —¡Ay! ¡Suéltame!
El dejó caer sus brazos.
—¿Qué te pasa?
—Tu gemelo… me ha hecho daño… Mira —se miraba el escote donde una pequeña mancha azul, del tamaño de un guisante, contrastaba con la blancura de su piel.
—Isabelle —se reprochó a sà mismo—, soy un salvaje. De verdad, perdona. No tenÃa que haberte estrechado tanto.
Ella le miró con impaciencia.
—Amory, ya sé que no lo hiciste a propósito; no es para tanto; pero ¿qué vamos a hacer?
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó—. Ah, el cardenal; ya verás cómo desaparece en un momento.
—Nada de eso —dijo ella, tras una reconcentrada observación—. TodavÃa sigue ahÃ, se parece a OÃd Nick. Ay, Amory, ¿qué vamos a hacer? Está justo donde más se ve.
—Frótatelo —sugirió él, conteniendo la risa que se le venÃa a los labios.
Se lo frotó con la yema de los dedos hasta que una lágrima asomó en el rabillo del ojo y se deslizó por su mejilla.