A este lado del paraiso
A este lado del paraiso —No —monseñor sacudió la cabeza—, aquello fue una desgracia, lo de ahora es una bendición. Lo que hayas de conseguir no te vendrá por los caminos que esperabas el año pasado.
—¿Y qué peor puede haber que mi actual falta de espÃritu?
—Quizá en sà mismo… Pero piensa que estás en pleno desarrollo. Has tenido tiempo para pensar y echar por la borda todo tu viejo equipaje cargado de éxito, superhombre y todo eso. La gente como nosotros no vive de teorÃas como tú hacÃas. Hemos de hacer una cosa, y si nos dejan una hora al dÃa para pensarla podemos lograr maravillas; pero en cuanto se mezcla ese afán de dominio, estamos perdidos, nos convertimos en borricos.
—Pero, monseñor, es que yo no tengo nada que hacer.
—Amory, entre nosotros te diré que yo he aprendido a hacerlo hace muy poco. Puedo hacer un sinfÃn de cosas antes que la primera que tengo que hacer, con la cual tropiezo una y otra vez como tú has tropezado con las matemáticas este otoño.
—¿Y por qué hemos de hacer una cosa antes que otra? Me parece que es lo último para lo que estoy capacitado.
—Tenemos que hacerlo porque no somos personalidades, sino personajes.
—Eso está bien. ¿Cuál es la diferencia?