A este lado del paraiso
A este lado del paraiso —Estás adquiriendo una reputación de excéntrico si es a eso a lo que te refieres.
A la postre prevaleció Amory, y Alec tuvo que aceptar su pose en presencia de otros, a condición de que se tomara ciertos descansos cuando estuvieran solos; asà que Amory se dedicó a «quemarla» a gran velocidad, invitando a cenar a la gente más excéntrica, gente furiosa que preparaba la licenciatura, preceptores con extrañas teorÃas acerca de Dios y del gobierno, ante el cÃnico asombro de los engreÃdos del Cottage Club.
Cuando el sol, rompiendo a través de febrero, empezó a moverse alegremente a lo largo de marzo, Amory pasó varios fines de semana con monseñor; una vez llevó a Burne, con enorme éxito, porque ambos se explayaron con gran gusto y contento. Monseñor le llevó varias veces a ver a Thornton Hancock y una o dos veces a la casa de una tal señora Lawrence, una de esas americanas obsesionadas con Roma, a la que Amory cobró inmediato afecto.
Un dÃa le llegó una carta de monseñor con una posdata que resultó ser excepcionalmente interesante; decÃa asÃ:
¿Sabes que tu prima lejana, Clara Page, enviudó hace seis meses y vive muy pobremente en Filadelfia? Me parece que no la conoces, pero me gustarÃa que me hicieras el favor de ir a visitarla. Para mi gusto es una mujer muy notable, poco más o menos de tu edad.