A este lado del paraiso
A este lado del paraiso —Parece que nadie te aburre —objetó él.
—Casi la mitad del mundo —admitió ella—, pero creo que es una proporción bastante aceptable, ¿no crees tú? —y se volvió a buscar algo en Browning que tratara del asunto. Nunca habÃa encontrado una persona que pudiera como ella buscar un pasaje o una cita para enseñarlo en medio de la conversación, sin irritar ni distraer. Lo hacÃa constantemente, con tan serio entusiasmo que llegó a sentirse conmovido por aquel pelo dorado, ondulado, sobre el libro…, las cejas fruncidas en busca de la sentencia.