A este lado del paraiso
A este lado del paraiso Pero aquà es necesario poner las cosas en claro. Amory tenÃa una conciencia puritana. Y aunque no se sometiera a ella —más tarde en su vida llegó a acallarla por completo—, a los quince años le inducÃa a considerarse como un chico peor que los demás…, carente de escrúpulos…, deseoso de tener influencia a cualquier precio, incluso para el mal…; un tanto frÃo y carente de afecto, capaz de llegar a la crueldad…; un voluble sentido del honor…, un feroz egoÃsmo…, un extraño y furtivo interés en todo lo relativo al sexo.
Además, una singular vena débil atravesaba toda su personalidad…, una frase violenta en labios de un chico mayor (los mayores en general le detestaban) era bastante para alterar todo su equilibrio y sumirle en una huraña animosidad, en una tÃmida estupidez… esclavo de su propia vanidad, aunque se sentÃa capaz de cierta audacia y valor, no tenÃa coraje ni perseverancia ni dignidad.
Ésa vanidad, matizada de sospechas ya que no de conocimientos; una imagen de la gente como autómatas sujetos a su voluntad; el anhelo de ganar al mayor número posible de compañeros y de alcanzar una indefinida cumbre… constituÃan todo el equipaje con que Amory se embarcó en la adolescencia.