A este lado del paraiso
A este lado del paraiso Se quedaron un momento mirándose impasibles hasta que Amory se volvió y abandonó la oficina.
Cuatro dÃas después regresó por fin a su apartamento. Tom estaba metido en la reseña de un libro para The New Democracy, donde habÃa encontrado trabajo. Durante un momento se miraron los dos en silencio.
—¿Y bien?
—¿Y bien?
—Por Dios, Amory, ¿dónde te han puesto el ojo morado? ¿Y la mandÃbula?
Amory rio.
—No es nada.
Se quitó la chaqueta y le enseñó los hombros.
—Mira.
Tom emitió un tenue silbido.
—¿Quién te ha pegado?
Amory rio de nuevo.
—Oh, mucha gente. Me sacudieron bien. De verdad. —Lentamente se volvió a poner la camisa. TenÃa que llegar tarde o temprano, y no querÃa perderlo por nada del mundo.
—Pero ¿quién fue?