A este lado del paraiso
A este lado del paraiso —Hay demasiados propietarios en este paÃs para permitir eso.
Amory habrÃa deseado conocer las estadÃsticas sobre propietarios y no propietarios; decidió cambiar de tema.
Pero el grande se habÃa desatado.
—Cuando se habla asà se pisa terreno peligroso.
—¿Cómo se va hablar de otra manera? Durante años la gente se ha conformado con promesas. El socialismo puede que no sea el progreso, pero la amenaza de la bandera roja es lo único que inspira las reformas. Hay que ser sensacional para despertar la atención.
—Supongo que Rusia es el ejemplo de una violencia beneficiosa.
—Posiblemente —admitió Amory—. Naturalmente, se está sobrepasando, como le ocurrió a la Revolución Francesa; pero no hay la menor duda de que se trata de un gran experimento que merece la pena.
—¿No cree usted en la moderación?
—Nadie escucha a los moderados, es demasiado tarde. La verdad es que la gente ha hecho una de esas cosas sorprendentes que suele hacer cada cien años. Ha comprendido una idea y se ha apoderado de ella.
—¿Cuál es?
—Que si bien el cerebro y la capacidad de los hombres pueden ser muy diferentes, sus estómagos son esencialmente iguales.