A este lado del paraiso
A este lado del paraiso —Si se pudiera reunir todo el dinero del mundo —dijo el pequeño, profundamente— y dividirlo en partes igu…
—¡Cállese, hombre! —dijo Amory con rudeza, no parando su atención en la mirada furibunda de aquél, y continuó con su discurso—: El estómago humano… —empezó, pero el grande le interrumpió con cierta impaciencia.
—Le dejo hablar, ya lo sabe —dijo—; pero, por favor, deje de lado el estómago. Llevo sintiendo el mÃo todo el dÃa. Además, no estoy de acuerdo con la mitad de lo que usted ha dicho. La socialización es la base de todo su argumento e invariablemente es un foco de corrupción. Los hombres no trabajan por cintas azules; todo eso es palabrerÃa.
Cuando hubo callado, el pequeño habló con un gesto de determinación, como si estuviera decidido a decir lo que tenÃa que decir.
—Hay ciertas cosas que son propias de la naturaleza humana —dijo con aire de lechuza—, que siempre lo han sido y siempre lo serán; que nunca cambiarán.
Amory miró al pequeño y luego al grande, descorazonado.