A este lado del paraiso

A este lado del paraiso

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Se comió cuatro buñuelos —que encontró sabrosos— con otra doble taza que le devolvió los ánimos. Tras una sumaria inspección de las fundas de los asientos, de los banderines y fotos de las Gibson que decoraban las paredes, salió a pasear de nuevo por Nassau Street con las manos en los bolsillos. Poco a poco fue aprendiendo a distinguir entre veteranos y novatos, aunque las gorras de estos últimos no se prodigaron hasta el siguiente lunes. Los que parecían sentirse como en su casa de una manera demasiado manifiesta y nerviosa, eran novatos; cada tren aportaba un nuevo contingente que era inmediatamente absorbido por aquella muchedumbre de cabezas descubiertas, calzados blancos y cargada de libros, cuya función parecía ser deambular sin sentido arriba y abajo, entre grandes nubes de humo de pipas recién estrenadas. Hacia el mediodía Amory sentía que los recién llegados le tomaban ya por veterano, así que se dedicó a observarlos con regocijada socarronería y censura, pues no otra cosa merecían sus expresiones faciales.

A eso de las cinco sintió la necesidad de oír su propia voz y volvió a su casa para ver si había llegado alguien. Tras subir los destartalados peldaños lanzó hacia su cuarto una mirada llena de resignación, perdida toda esperanza de intentar una decoración ajena a banderines de colegio y fotografías de tigres. Alguien llamó a su puerta.

—Adelante.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker