El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —¿Dónde te has metido? —insistió Tom—. ¿Cómo se te ha ocurrido venir a comer tan lejos?
—He venido a comer con mister Gatsby.
Me volvà hacia Gatsby, pero ya no estaba.
Un dÃa de octubre de 1917…
(dijo Jordan Baker aquella tarde, sentada muy derecha en una silla del café al aire libre del Hotel Plaza)
… iba dando un paseo, por la acera y por el césped. Me gustaba más el césped porque tenÃa unos zapatos ingleses con tacos de goma en las suelas que se hundÃan en la tierra blanda. Y tenÃa una falda escocesa nueva que se levantaba un poco al viento a la vez que en todas las casas se tensaban las banderas rojas, blancas y azules y decÃan tut-tut-tut-tut con tono de desaprobación.
La bandera más grande y el césped más grande eran los de la casa de Daisy Fay. Daisy acababa de cumplir dieciocho años, dos más que yo, y era, de lejos, la chica más solicitada de Louisville. VestÃa de blanco, tenÃa un pequeño descapotable, y el teléfono no dejaba de sonar en su casa: los jóvenes oficiales de Camp Taylor[12] exigÃan con emoción el privilegio de monopolizar a Daisy aquella noche. «¡Una hora por lo menos!».