El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —Era lo que pensaba, si puedes perdonar mi… Tengo, como complemento, un pequeño negocio, algo accesorio, ya sabes. Y he pensado que si tú no ganas mucho… Vendes bonos, ¿no es asÃ, compañero?
—Lo intento.
—Bueno, esto podrÃa interesarte. No te exigirÃa demasiado tiempo y podrÃas sacarle un buen dinero. Es algo confidencial.
Ahora me doy cuenta de que, en otras circunstancias, aquella conversación podrÃa haber provocado una de las crisis de mi vida. Pero, dado que Gatsby hacÃa su oferta de un modo poco sutil y sin el menor tacto por un servicio que aún habÃa que prestar, no tuve más remedio que cortarlo en seco.
—Tengo demasiado trabajo —dije—. Te lo agradezco, pero no puedo aceptar más.
—No tendrÃas que tratar con Wolfshiem. —Evidentemente pensaba que yo, asustado, rehuÃa las «coneggsiones» mencionadas durante el almuerzo, pero le aseguré que se equivocaba. Esperó un momento, atento a que yo empezara alguna conversación, pero me costaba reaccionar, tan abstraÃdo estaba, y Gatsby volvió a su casa de mala gana.