El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —He hablado con miss Baker —dije al momento—. Mañana llamaré por teléfono a Daisy y la invitaré a tomar el té.
—Ah, perfecto —dijo, como si le resultara indiferente—. No quiero causarte ninguna molestia.
—¿Qué dÃa te viene bien?
—¿Qué dÃa te viene bien a ti? —me corrigió inmediatamente—. No quiero causarte ninguna molestia, de verdad.
—¿Pasado mañana?
Lo pensó unos segundos. Y, poco convencido, dijo:
—HabrÃa que cortar el césped.
Miramos la hierba: una lÃnea bien definida marcaba dónde acababa mi césped desigual, abandonado, y empezaba a extenderse el suyo, más oscuro, perfectamente cuidado. Sospeché que se referÃa a mi hierba.
—Hay otra cosa sin importancia —dijo, inseguro, titubeante.
—¿Prefieres que lo retrasemos unos dÃas? —pregunté.
—No, no es eso. Pero… —probó varios comienzos—. Bueno, he pensado… SÃ, mira, compañero, tú no ganas mucho dinero, ¿verdad?
—No mucho.
Esto pareció tranquilizarlo y continuó con más confianza.