El Gran Gatsby
El Gran Gatsby Yo salà por la puerta de atrás —el mismo camino que Gatsby, nervioso, habÃa tomado media hora antes para dar la vuelta a la casa— y corrà hacia un inmenso y nudoso árbol negro cuyas hojas frondosas tejÃan una pantalla contra la lluvia. Otra vez diluviaba, y mi césped desigual, recién afeitado por el jardinero de Gatsby, abundaba en minúsculos pantanos enfangados y ciénagas prehistóricas. No habÃa nada que mirar desde el pie del árbol, excepto la enorme casa de Gatsby, asà que me dediqué a mirarla, como Kant el campanario de su iglesia, durante media hora. Un fabricante de cerveza la habÃa construido al principio de la moda de la «arquitectura de época», diez años antes, y contaban que se habÃa comprometido a pagar durante cinco años los impuestos de las casas de campo de todo el vecindario si los propietarios hacÃan los tejados de paja. Puede que el rechazo general disuadiera al cervecero de su plan de Fundar una Familia: inmediatamente empezó la decadencia. Sus hijos vendieron la casa cuando la corona fúnebre aún colgaba de la puerta. Los americanos, dispuestos a ser siervos e incluso impacientes por serlo, siempre se han mostrado reacios a ser gente de campo.