El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —Te sientes violento, eso es todo. —Y por suerte añad×: Daisy también se siente violenta.
—¿Se siente violenta? —repitió, incrédulo.
—Tanto como tú.
—No hables tan alto.
—Te estás portando como un niño —corté, impaciente—. No sólo eso: te estás portando como un maleducado. Ahà está Daisy, sola.
Levantó la mano para detener mis palabras, me lanzó una inolvidable mirada de reproche, y, abriendo la puerta con mucho cuidado, volvió a la otra habitación.