El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —Nunca habÃa visto a tantas celebridades —exclamó Daisy—. Era simpático ese hombre… ¿Cómo se llama? El de la nariz como azul.
Gatsby le dijo quién era y añadió que se trataba de un pequeño productor.
—Bueno, pues me cae simpático de todas formas.
—Casi preferirÃa no ser el jugador de polo —dijo Tom, contento—. Me gustarÃa ver a toda esa gente famosa… de incógnito.
Daisy y Gatsby bailaron. Recuerdo que me sorprendió la manera graciosa, conservadora, con que Gatsby bailaba el fox-trot: nunca lo habÃa visto bailar. Y luego fueron dando un paseo hasta mi casa y pasaron media hora sentados en los escalones, mientras que, por deseo de Daisy, yo vigilaba en el jardÃn. «Por si hay un incendio o una inundación», me explicó, «o en caso de fuerza mayor».
Tom salió de su incógnito cuando los tres nos sentábamos a cenar.
—¿Os importa que cene con aquella gente de all� —dijo—. Un tipo está contando cosas muy divertidas.
—Adelante, ve —respondió Daisy, feliz—, y si quieres apuntar alguna dirección, aquà tienes mi lápiz de oro.