El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —Lo que hay que hacer es olvidar el calor —dijo Tom impaciente—. Lo multiplicáis por diez protestando.
Desenvolvió de la toalla la botella de whisky y la puso en la mesa.
—¿Por qué no deja en paz a Daisy, compañero? Es usted el que querÃa venir a la ciudad.
Hubo un momento de silencio. La guÃa de teléfonos se desprendió del clavo y se estrelló contra el suelo, y Jordan murmuró «Perdónenme», pero esta vez no se rio nadie.
—Voy a cogerla —me ofrecÃ.
—Ya la he cogido. —Gatsby examinó el cordel roto, soltó un «Hum» interrogativo y la dejó en una silla.
—Esa es una de sus grandes expresiones, ¿no? —dijo Tom, cortante.
—¿Cuál?
—Eso de «compañero». ¿De dónde la ha sacado?
—Préstame atención, Tom —dijo Daisy, dejando de mirarse al espejo—, si vas a hacer alusiones personales no me quedaré aquà ni un minuto. Llama y pide hielo para el julepe de menta.