El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —No exactamente.
—SÃ, tengo entendido que fue a Oxford.
—SÃ, fui a Oxford.
Pausa. Y luego la voz de Tom, incrédula e insultante.
—Debió de ser por la misma época en que Biloxi fue a New Haven.
Otra pausa. Un camarero llamó a la puerta con menta y hielo picados pero ni su «gracias» ni la puerta que se cerró suavemente rompieron el silencio. Aquel detalle extraordinario iba a aclararse por fin.
—Ya le he dicho que estuve en Oxford.
—Lo he oÃdo, pero me gustarÃa saber cuándo.
—Fue en 1919. Sólo estuve cinco meses. Por eso no puedo considerarme antiguo alumno de Oxford.
Tom echó un vistazo a su alrededor para ver si, como un espejo, reflejábamos su incredulidad. Pero nosotros mirábamos a Gatsby.
—Fue una oportunidad que se les dio a algunos oficiales después del armisticio —continuó—. PodÃamos ir a cualquier universidad de Inglaterra o Francia.
Me dieron ganas de levantarme y darle una palmada en la espalda. Sentà uno de esos renacimientos de absoluta confianza en él que ya habÃa experimentado otras veces.
Daisy se levantó, sonriendo débilmente, y se acercó a la mesa.