El Gran Gatsby
El Gran Gatsby Yo también me sentà más tranquilo, porque su llamada parecÃa prometer otro amigo para el entierro de Gatsby. No querÃa anunciarlo en los periódicos y atraer a una multitud que acudiera como quien va a un espectáculo, asà que hice unas cuantas llamadas telefónicas. No era fácil encontrar a nadie.
—El funeral es mañana —le dije a Klipspringer—. A las tres, en la casa. AvÃsele a todo el que pueda estar interesado…
—Ah, sà —me cortó—. No creo que vea a nadie, pero lo haré si tengo ocasión.
Su tono me hizo desconfiar.
—Usted vendrá, por supuesto.
—Bueno, lo intentaré, sÃ. Para lo que llamaba era porque…
—Espere un momento —lo interrump×. ¿Vendrá o no?
—Bueno, el hecho es que… La verdad es que estoy con alguna gente en Greenwich, y quieren que mañana pase el dÃa con ellos. Hay un picnic o algo por el estilo. Pero, sÃ, haré lo posible por escaparme.
No pude contener un «ya, seguro» y debió oÃrme porque continuó, nervioso:
—Bueno, he llamado porque me dejé ahà un par de zapatos. No sé si serÃa mucha molestia mandármelos con el mayordomo. Son unas zapatillas de tenis y me siento como desvalido sin ellas. Mi dirección es B. F.…